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Las Parábolas (I)   Por J. Tenés  


1. Definición

2. Interpretación de las Parábolas

3. Características de las Parábolas

4. Finalidad de las Parábolas

5. El mensaje de las Parábolas

 

 

1. Definición:

Deriva de parabolé (παрαβολ), término griego que, en su raíz, presenta la idea de comparación; la parábola es una figura del lenguaje consistente en poner una cosa junto a otra para compararlas. No hay que confundir la parábola con la metáfora ni con la alegoría; la diferencia con la metáfora es obvia; en la alegoría todos los detalles y figuras tienen significado, aunque, en algunos casos, sea forzado y oscuro, mientras que en la parábola los detalles tienen el cometido de subrayar y enfatizar el mensaje - la moraleja - que el relato pretende enseñar.

 

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2. Interpretación de las Parábolas:

Algunos Padres apostólicos trataron algunas parábolas como si fuesen alegorías, dando interpretaciones artificiosas, generalmente, ajenas al propósito y enseñanza que Jesús quiso enfatizar. (Un ejemplo sobresaliente es la interpretación que hace San Agustín de la parábola del Buen Samaritano. Resumida: El hombre que baja de Jerusalén, es Adán; Jerusalén, el estado de felicidad original, el Edén; Jericó, la mortalidad del hombre, consecuencia de la caída; el buen Samaritano, Cristo; la posada, la Iglesia; el mesonero, Pablo etc.). Esta regla de no alegorizar no debe absolutizarse, pues en algunos casos, concretamente en las parábolas del sembrador, la cizaña y la red de pescar, es correcta una interpretación alegórica; además de que, siendo narraciones dentro de un contexto semítico, no pueden estar exentas de elementos alegóricos; no obstante, la norma debe ser evitar caer en los abusos alegoristas.

 

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3. Características de las Parábolas de Jesús:

 Se caracterizan por ser relatos sencillos, llenos de colorido. El Maestro por antonomasia sabía que "una figura vale más que cien palabras” y por eso utilizaba estos relatos de la vida diaria, absolutamente actuales y conocidos de sus oyentes, por lo que, sin duda, podían ser fáciles de comprender y de memorizar y que, por ser consuetudinarios, estimulaban la atención é invitaban al diálogo. De las parábolas, es de destacar:

 

    3.1.- Son relatos de la vida diaria, no asuntos complejos y rebuscados, de forzada aplicación. Con toda seguridad, Jesús empezó a ser un atento observador de la Naturaleza y de la vida en todas sus manifestaciones, desde su más tierna infancia. Su enseñanza está plagada de detalles que evidencian que nada pasaba desapercibido a su mirada escrutadora. Por eso habla con tanta naturalidad de las aves, los lirios, los árboles (la higuera, p.e), la siembra, la pesca, el comercio, los juegos de los niños en la plaza, los jornaleros, el pastor, el rebaño, el lobo, el ama de casa y sus labores (barrer, encender la lámpara, moler el grano, etc.). Por eso sus relatos son tan fáciles de comprender; y si, en algunos casos, resultan oscuros para nosotros, es debido a ignorar los usos y costumbres de su época (P.e. para un labrador actual puede resultar incomprensible que el sembrador de la parábola siembre esparciendo la semilla a voleo, con la consiguiente pérdida de semilla y efectividad).

 

    3.2.- No son un método original y privativo de Jesús. Era un método utilizado por los rabinos. La diferencia con las de los rabinos, además de la belleza y frescura que emanan de las parábolas de Jesús, suele estribar en que en ellas siempre hay detalles que causan sorpresa y que, generalmente concluyen planteando un reto.

   Ejemplos:

 

  a) Parábola del hijo pródigo. El calavera del hijo menor ¿no resulta más simpático que el austero y disciplinado hijo mayor?.

 

  b) Parábola del buen samaritano. El auditorio, racista hasta la médula ¿cómo podía aceptar que la única persona con sentimientos humanos fuera aquel miserable y despreciado samaritano, en contraste con los otros personajes que pasaron junto al herido que, además de ser judíos, pueblo escogido de Dios, eran representantes de una clase en la que la moral, la piedad, la misericordia debía ser práctica habitual?.

 

  c) El pastor que pierde una oveja. Tiene un rebaño medianamente grande (para aquella época), de 100 ovejas y pierde una; al descubrir su falta se despreocupa del rebaño, 99 ovejas y se desvive por la perdida, que supone solamente una centésima parte de su rebaño.

 

 Podríamos citar otros casos semejantes, en los que aparecen estos elementos sorpresivos, quizás extravagantes, que debieron ser un revulsivo para la mentalidad de su auditorio. El objetivo de estos despropósitos es llevar a su auditorio a la reflexión y compromiso consecuente. Por eso, algunas parábolas. terminan con una pregunta, (P.e. parábola de los dos hijos "¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de los cielos” Mat. 21: 31; Los labradores de la viña: "Cuando venga, pues el señor de la viña ¿qué hará a aquellos labradores?. Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia y arrendará su viña a otros labradores que paguen el fruto a su tiempo” Mat. 21: 40-41; Los dos deudores, "..y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?” Lc. 7:42).

    3.3.- Son armas de combate de Jesús. Las parábolas fueron el instrumento más eficaz para inculcar principios, para llevar paz y gozo, para urgir una respuesta urgente. Para la mayor parte de su auditorio, las parábolas fueron historietas distraídas y hasta divertidas, sin que afectase mínimamente su moralidad. Pero algunas parábolas fueron un arma de combate dialéctico contra los líderes religiosos: eran incisivas, cortantes, demoledoras: los opositores de Jesús quedaban mudos, sin argumentos, sin respuesta posible, quedando en evidencia ante el pueblo. Jesús tenía que denunciar y desenmascarar la hipocresía de los líderes del sistema religioso dominante y su principal arma fue la parábola. No es sorprendente que acabara en una cruz: y esto no fue. meramente por contar al pueblo historias más ó menos distraídas...

    3.4.- En muchas parábolas hay un abuso de la hipérbole y el adorno. Jesús. en algunas parábolas introduce circunstancias extrañas, exageraciones, de difícil justificación a menos que aceptemos que su propósito sea suscitar la reflexión, el diálogo y compromiso consecuente. Ejemplos:

  a) Parábola de las diez vírgenes. Todas se duermen, pero el novio, intransigentemente, se niega a abrir la puerta a las que han tenido que ir a por aceite.

  b) Invitación al banquete del rey. Todos los invitados rechazan la invitación é, inclusive, absurdamente matan a los emisarios; la violenta reacción del rey y la apertura indiscriminada de las puertas del banquete a los primeros que se encuentre; igualmente absurda es la actitud de uno que pretende entrar en el banquete con vestido sucio (Mat. 22:1-14). Pero, sin duda, la parábola que más abusa de la hipérbole es:

  c) la del siervo despiadado (Mat. 18: 23-35). La deuda que este siervo tiene contraída con el rey es tan astronómica, que con toda seguridad provocaría la incredulidad en el auditorio. Nadie podía deber tanto; Josefo, en Antigüedades, 17.318, dice que en el año 4 a.C. Galilea y Perea aportaban al Imperio romano 200 talentos anuales, en concepto de tributo; la deuda de este siervo con el rey era de 10.000 talentos, es decir 50 veces más; traducido a nuestros días y a nuestro país ¿podéis imaginar a alguien que tenga contraída una deuda que sea 50 veces mayor que el presupuesto del Estado? Y, en el supuesto que existiera este deudor ¿qué posibilidades podía tener de pagarla?. La hipérbole es intencionada. La enseñanza es que nadie puede pagar a Dios la deuda infinita que tiene contraída. La solución está en la gracia infinita de Dios, perdonando la deuda. Y la hipérbole se da también en la insignificancia de la deuda que, a su vez, tiene contraída el otro deudor con este multimillonario deudor perdonado. Es, escasamente, de 100.000 Ptas. (600 €) , aproximadamente, que representa la deuda que tiene nuestro prójimo con nosotros, cantidad absolutamente insignificante comparada con la infinita deuda que Dios nos perdona. Como vemos estos hiperbolismos y adornos pretenden suscitar la reflexión y enfrentar al lector al reto de la propia decisión: no son, por tanto, meras licencias retóricas.

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4. Finalidad de las Parábolas:

Lo expuesto avala la idea que el propósito de las parábolas es hacer inteligible el mensaje de Jesús. Sin embargo, en muchos casos, en especial las parábolas del Reino, no resultaban inteligibles para el auditorio, incluidos los discípulos. La razón de su incomprensión, posiblemente, estribaba en que el modelo del Reino que esperaban los judíos era absolutamente distinto al modelo que describían las parábolas. De ahí que los discípulos, confundidos, pidieran al Señor que les explicara el significado de las parábolas (“Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce, le preguntaron acerca de la parábola” Mc. 4: 10; “entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña en el campo” Mat. 13: 36). A este ruego Jesús les responde: “Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del Reino de Dios; mas a los que están fuera por parábolas todas las cosas; para que viendo vean y no perciban; y oyendo oigan y no entiendan: para que no se conviertan y les sean perdonados los pecados” (Mc. 4: 11-12). De la lectura de este pasaje, desvinculándolo del contexto general de la Escritura, se podría deducir que la razón que motivaba a Jesús a hablar por parábolas era la de confundir y cegar a su auditorio; esto resulta escandaloso y, por tanto, inaceptable para cualquier conciencia sensible y parece indigno de Jesús. Un breve comentario al respecto: Una explicación, aceptada por algunos sectores, ha tenido apoyo en la llamada “teoría de la obstinación”, según la cual las parábolas eran un velo para ocultar el misterio del Reino a “los que están fuera”. interpretando superficialmente Mc. 4: II. Vamos a revisar esta interpretación analizando con más rigor este vs. En primer lugar destacar la antítesis “vosotros” (los discípulos), y “los de fuera”. A los primeros, Dios les otorga una gracia infinita, pues “les ha dado el misterio del Reino “, don, absolutamente inmerecido.

  Contrastando con los discípulos, a “los de fuera” se les dice todo “en parábolas”. Este paralelismo entre “vosotros” y “los de fuera”, exige correspondencia entre “misterio” y “parábola”; pero esta correspondencia no puede darse si “parabolé” no tiene más traducción que la de parábola: pero si a “parabolé” se le traduce con su otro significado de “enigma”, entonces la interpretación resulta absolutamente congruente y la antítesis correcta. Joaquín Jeremías lo traduce así: “A vosotros se ha revelado el misterio; los de fuera están ante enigmas”. La traducción de la NBE es muy semejante: “Vosotros estais ya en el secreto de lo que es el reinado de Dios; a ellos, en cambio, a los de fuera, todo se les queda en parábolas (enigmas), asi, por más que miran, no ven; por más que oyen, no entienden, a menos que se conviertan y los perdonen” (Mc. 4: 11-12). Esta traducción está en consonancia con Mc. 4: 33 (“Con muchas parábolas como éstas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oir”). Y está de acuerdo con el contexto general de la Palabra. Que presenta a un Dios que hace un esfuerzo infinito (reverentemente hablando) para hacerse comprender por su criatura. Si este propósito no se cumple, es debido a la obstinación del hombre, que le hace refractario al mensaje de Dios. Es la actitud del hombre la que hace posible que el mensaje sea comprendido (“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios ó si yo hablo por mi propia cuenta” Jn 7: 17). ¿No es ésta nuestra propia experiencia?. Al cambiar nuestra actitud frente a Dios y convertimos, se nos hizo la luz. Y ésta debe ser una actitud permanente. Pues, de no ser así, aunque nos creamos y blasonemos de ser muy creyentes, a lo peor, la vida, las circunstancias y hasta Dios mismo nos resulten enigmas y vivamos absolutamente desorientados, como “los de fuera”. De ahí la reiterativa recomendación que el Espíritu da a las iglesias (en Apocalipsis), “El que tiene oídos, oiga...”

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5. El mensaje de las Parábolas:

El propósito de las parábolas es exponer principios fundamentales. Las 40 parábolas pueden agruparse por temas en, al menos, 8 grupos. Las parábolas de un mismo grupo exponen el mismo tema pero con distintas imágenes, enfatizando distintos matices. Un estudio atento de las mismas nos revela que son una síntesis de la enseñanza de Jesús, expuesta de forma magistral. Por este motivo dedicar una serie de charlas a las parábolas, aunque no os parezca original, lo considero fundamental. El empeño no es fácil porque el contenido es inagotable y esto nos va a obligar a prescindir de detalles.

  La lectura del esquema, en el que se han recogido los temas más sobresalientes que tratan las parábolas, nos debe llevar a la convicción de que dedicarle todo el tiempo y esfuerzo posibles va a ser, sin duda, una inversión infinitamente rentable. Y más aún porque, en una época de apatía é indiferencia, la parábola constituye el método más directo, más agresivo, para apelar a la conciencia. Porque la parábola es un reto que invita, mejor dicho, exige una respuesta, una decisión, un compromiso. Es una voz a nuestras conciencias, por medio de narraciones magistrales, absolutamente vigentes para nuestros días y circunstancias, porque, por ser Palabra de Dios, tiene una actualidad permanente.

...CONTINUARÁ...

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Este estudio corresponde a la primera parte de un ciclo de charlas de J. Tenés (consejo de pastores) dadas en la Escuela Bíblica para adultos de nuestra congregación. Si estás interesado en conocer más de la Biblia escríbenos sin ningún compromiso.

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